miércoles, 24 de septiembre de 2008

Deseo loco

recopilació n/Jorge-Lili


09-09-05
Ni bien apareció la doctora Carlston confieso que un deseo loco se me paseó por todo el cuerpo. Debajo del blanquísimo guardapolvos adivinaba yo los morados pezones invitándome a quien sabe qué orgía. Me la habían recomendado y le conté los extraños síntomas que me preocupaban desde hacía una semana. No sé qué cara puso pero sí sé que cara vi. Escapándole al flequillo, unos ojos claros, inmensamente claros, nariz perfecta, labios carnosos, muy carnosos, inmensamente carnosos. Me auscultó y mis fantasías se dejaron tocar con ganas. Luego, como era de esperar, me recetó una extensa batería de análisis. Cuando volví a verla, el deseo se había incrementado, y, mientras ella observaba atentamente los indicadores de la sangre y la orina, yo observaba atentamente su ombligo y su vagina, es decir, imaginaba verlos a partir de lo que mis ojos registraban. Cuando levantó la cabeza y me miró comprendí que algo malo pasaba en el interior de mi organismo pero también comprendí que eso mismo me inclinaba a desearla todavía más. ."Usted padece del rarísimo síndrome de Lafiq"- me dijo y agregó que, hace algunos años, el Doctor Lafiq, obviamente el descubridor de la enfermedad, había desaparecido misteriosamente. Su melodiosa voz me acariciaba el lóbulo de las orejas, uno de mis principales puntos erógenos. No alcancé a asustarme con la noticia porque mi felicidad alcanzó el clímax cuando agregó que el Doctor Lafiq sólo había preparado a una persona para el tratamiento de tan poco frecuente mal y era su discípula y colaboradora, la Doctora Carlston, ella misma. No puedo estar seguro pero creo que la besé en los labios y en... no, no estoy seguro, pero en algún lugar la besé o, seguramente no, claro que no y comenzamos la difícil tarea de combatir al sofisticado virus agresor. Nos vimos todos los días durante varios meses y lo que más me costaba era contener la catarata de caricias y abrazos que me venían ganas de darle. Cuando, por fin, podía considerarme curado, mi mente navegaba por la sinuosa piel de la Doctora como si fuese el océano soñado y me dirigí a la Clínica a declararle mi inobjetable amor. Cuando pasé frente a la mesa de entrada escuché el nombre del Doctor Lafiq. "¿Apareció?- pregunté casi sin darme cuenta de que estaba haciéndolo. La contestación que me dieron me dejó noqueado como si hubiera recibido un directo a la mandíbula. Sin embargo, al entrar al consultorio de la Doctora que me había salvado la vida, no me importó saber que ella era el operado doctor Lafiq y le besé los carnudos labios con una pasión apocalíptica.

Jorge Luis Estrella

************ ********* ************** ********* ********* ********* *****

En realidad la doctora Carlston era una de las visibles caras aparentes de la esquizofrenia del Doctor Laqif; en una de sus muchas incursiones había obligado a uno de sus amantes ( discipulo antiguo del doctor) a realizar la transformació n del género homo ahora devenido en femina. Por esas cosas del destino, el joven enamorado había conservado intacto el bastión masculino; razón por la cual la doctora Carlston solía padecer de ataques de personalidad que la sumian en la disyuntiva de sentirse doctor y doctora al mismo tiempo. Allí aparecí yo. Salvando la ausencia del joven galeno (ahora alimento de gusanos) tomé su lugar y me aferré a la "virilidad femenina" de esa obrera de la salud.
Desde entonces, soy Alexandra de Laqif.
Sé que Jorge Estrella desapareció junto con la doctora Carlston hace mucho tiempo. Extraño ¿verdad?...

Lili

************ ****** ********* ********* ********* ***
Alexandra:

Es un enorme placer ubicarla en esta lista. Reciba mis saludos más fervientes.

Jorge Luis Carlston

---------------
Inquietante historia, maravillosamente narrada.

Lena

No hay comentarios: