sábado, 3 de octubre de 2009

Guerras interiores para no ser la piedra de tropiezo

Sé que vivo entre fieras humanas,
gente a quien la codicia y el miedo desesperan
y se lanzan a morder y depredar al prójimo:
la mayor parte de la gente que usted llama
«buenas personas», por usted no ponen
la cabeza el asador, no digo por mí...
ni por sus madres.

Quisieran hacer algo por el amor, pero, el amor
parece muy abstracto, sublime, lejano, cósmico,
cuando se trata de la necesidad «aquí y ahora».

... pero, aún así, la mayor parte de la gente
no es tan suficientemente mala
ni tan suficientemente buena
porque la necesidad funciona en base al egoísmo...

Y primero he de ser yo, yo con mi yo,
yo con la excusa del prioritario y ontológico Yo
que no es tan bobo para ceder su turno
en la fila de los alimentados,
en la fila del buen empleo
o de la buena suerte...

La gente buena dice cuando yo tenga,
«yo te doy», pero déjame tener a mí primero...
Consuélate pues. El malo, porque los hay así,
tan depredatorios y hienas, te dicen:
«Si llego a tener, me vengo de todo lo sufrido».

Sé que vivo entre estas santas / buenas / fieras
(de condicionado amor y turno) y no las debo
despreciar. Jamás.

Ni poner el pie, a escondidas, cuando se accedan
al premio que clama su egoísmo o a los primeros
que llegan a la meta, aunque tengan escasos méritos
o hayan vivido sin escrúpulos...

... pero, aún así, aunque el amor del que se habla
parezca poco o demasiado sublime para que se crea,
lejano, cósmico, dudoso, incierto,
hay que amar a esas fieras
y no ponerles el pie,
porque si no... uno es igual a ellas
y manda pa'carajo la esperanza.

De: Las zonas del carácter



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DARME

Soy nieta de inmigrantes
de aquellos que vivieron el hambre voraz
durante y la posguerra
Esos cableatierra que supieron a filo
defender la esperanza
no perder la sonrisa y del decir
siempre un por favor y gracias.
Ah, que la vida muchas veces se condensa
en las oportunidades únicas de un plato de sopa caliente
o en mitad y mitad del pan duro para esos dientes flojos.
A mi abuelo, me gustaba gastarle bromas
a la hora del postre
con un plato y un cuchillo le ofrecía dos ciruelas
-una un tomate perita disfrazado-
la verdadera, última de la feria y en la oferta.
Como siempre delatan los buenos hombres
por excepción y coincidencia hombres buenos
mimetizado en disimulo apretando el mmm
de los placeres se comía el tomate
aquí disfrazaba yo la complicidad de la trampa
Y he caído y sigo cayendo en ese Vacío
que tanto me llena
del corazón a/prenderme en el otro.
Miro por la felicidad de los que han sido
del eslabón de Ser y dar no lo que sobra
no la sospecha no los desechos
sino de lo elemental lo que menos tengo.

Fanny G Jaretón

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